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La energía cumple un papel indispensable, cuando de tener un medio ambiente sano se trata. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la quema de combustibles fósiles, asociada a la producción de energía, puede llegar a generar una gran cantidad de gases de efecto invernadero (GEI).
Los GEI no son propiamente perjudiciales para el medio ambiente, pero sí lo es su exceso. Estos gases pueden cubrir la Tierra, atrapar el calor del Sol y, posteriormente, contribuir de manera significativa al cambio climático.
“Los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, son con diferencia los mayores causantes del cambio climático global, ya que son responsables de más del 75 por ciento del total de emisiones de gases globales de efecto invernadero y cerca del 90 por ciento de todas las emisiones en dióxido de carbono”, detalla la ONU en su página web.
El acceso a la energía es un factor indispensable para asegurar la calidad de vida de las personas; sin embargo, resulta importante lograrlo de una manera sostenible. Ante este panorama, los expertos apuntan a las energías renovables como una alternativa segura y eficiente para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

¿Qué son las energías renovables?
Las energías renovables son aquellas derivadas de fuentes naturales como, por ejemplo, la luz solar y el viento. A diferencia de las energías no renovables, que se encuentran en la naturaleza en cantidades limitadas, estas tienen la capacidad de renovación constante.
En el caso de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, pueden tardar cientos de años en reformarse. Adicional a lo anterior, “producen la energía al quemarse, lo que provoca emisiones dañinas en forma de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono”, detalla la organización citada anteriormente. En esa línea, la producción de energía con fuentes renovables resulta una opción mucho más sostenible en la mayoría de casos.
Entre las energías renovables podemos encontrar varios tipos. Los más comunes son la energía solar, eólica, geotérmica, hidroeléctrica, oceánica y la bioenergía.
Energía solar
Como su nombre lo indica, es aquella producida por la luz del Sol. De todas las energías, es la que más abunda. Puede obtenerse a través de paneles solares o mediante espejos que concentran la radiación.

Energía eólica
“Aprovecha la energía cinética del aire en movimiento gracias al uso de enormes turbinas eólicas ubicadas en superficies terrestres, en alta mar o en aguas dulces”, indica la ONU. Entre sus características sobresale que, además de inagotable, no es contaminante.
Energía geotérmica
Las comunidades le han dado muchos usos desde hace miles de años y esto responde, principalmente, a que aprovecha el calor al interior de la Tierra.
Energía hidroeléctrica
Es capaz de transformar la fuerza del agua en energía eléctrica. Se trata, de hecho, de la fuente de energía renovable más antigua que existe. Con el objetivo de extraerla, se construyen grandes infraestructuras que pueden provocar grandes cambios en los ecosistemas, por lo que es, a su vez, uno de los tipos alrededor de los cuales giran más debates.
Energía oceánica
Con ayuda de tecnologías térmicas del agua marina, las olas o las corrientes, también se puede producir electricidad. Esto es lo que se conoce como energía oceánica.
Bioenergía
La ONU explica que “la bioenergía se produce a partir de diversos materiales orgánicos, denominados biomasa, como la madera, el carbón, el estiércol y otros abonos utilizados para la producción de calor y electricidad, y los cultivos agrícolas destinados a biocombustibles líquidos”.
